Hay noches en las que acabas en una habitación de hotel en Ginebra, con las luces tenues, y la conversación deriva poco a poco hacia terrenos que normalmente no se abordan tomando un café. Lo he visto decenas de veces siguiendo el mundo de las escorts y los anuncios eróticos. Hombres que llevaban meses rondando el tema, hablando de ello casi en voz baja. El sexo anal. No como una casilla más que marcar, sino como una puerta que uno duda antes de abrir.
Después de diez años moviéndome en este entorno, entre Lausana, Neuchâtel y el flujo constante de anuncios, puedo decirlo claramente: es una práctica que divide opiniones. Hay quienes la adoran hasta convertirla en una obsesión, mientras que otros la prueban una vez y no vuelven a repetir. Y sinceramente, ambas posturas son perfectamente válidas. Pero si te lanzas sin saber realmente dónde te metes, hay muchas probabilidades de que la experiencia termine antes de tiempo. O peor aún, que deje un mal recuerdo.
Porque sigue rodeada de tabúes, incluso en 2026. Sin embargo, en el mundo liberal y libertino, las peticiones son frecuentes. Las escorts lo saben bien: muchos clientes desean explorar este aspecto de su sexualidad sin complicaciones y sin sentirse juzgados. Y entre las mujeres también existe curiosidad. La sensación de plenitud, la estimulación de la próstata en los hombres, la gran concentración de terminaciones nerviosas... el cuerpo tiene razones que a veces la mente no comprende.
Pero cuidado: no es una experiencia obligatoria. He visto a demasiadas personas presionarse a sí mismas por querer «probarlo todo». ¿El resultado? Estrés, tensión y, al final, ningún placer.
Una escort que conocía en Lausana me habló una vez de un cliente habitual, bastante reservado. Después de varios encuentros en los que todo había ido bien, finalmente se atrevió a pedirlo. Se tomaron su tiempo, de verdad. Al final de la noche permaneció en silencio durante un buen rato y luego dijo simplemente: «Joder, ha sido como descubrir una parte de mi cuerpo que ni siquiera sabía que existía». Desde entonces volvió muchas veces, pero siempre con ella. Confianza absoluta.
El principal obstáculo no suele ser el cuerpo, sino lo que ocurre dentro de la cabeza. El miedo al dolor, la idea de ser penetrado o esa pequeña voz que insiste en que no es algo muy... limpio. Todo eso influye. La primera regla es hablarlo de verdad. No ese típico «algún día podríamos probarlo» dicho de pasada. No. Una conversación auténtica.
En el ambiente libertino, las mejores experiencias ocurren cuando nadie se siente obligado. Una escort con experiencia sabe crear ese espacio seguro donde puedes relajarte sin sentirte juzgado ni ridículo. Y eso tiene un valor enorme.
Una ducha normal es suficiente. No hace falta nada extremo. Los lavados intestinales sistemáticos suelen ser innecesarios para una primera vez e incluso pueden irritar la zona. El lubricante, en cambio, es imprescindible. Mejor si es de calidad, espeso y preferiblemente a base de silicona. Olvídate de la saliva o de los geles baratos. Hay que reaplicarlo una y otra vez. La mucosa anal no produce lubricación natural.
Después toca relajarse. Sin prisas. Caricias, besos, juegos previos y excitación progresiva. Cuanto más excitado estés, más se relajará el esfínter. Es casi sorprendente.
Muchas personas prefieren experimentar primero en solitario. Un pequeño plug bien lubricado durante una sesión tranquila puede ser una excelente forma de empezar. Aprendes a reconocer tus sensaciones, respiras mejor y descubres cómo reacciona tu cuerpo. Eso elimina mucha presión para más adelante.
El esfínter externo responde a tu voluntad, mientras que el interno mucho menos. Por eso forzar nunca funciona. La paciencia y el deseo hacen la mayor parte del trabajo.
Pensar «vamos directamente» sin suficiente lubricante ni preparación. Después llegan el escozor, la tensión y una noche arruinada. He visto a hombres arrepentirse de eso durante semanas.
Otro error clásico es quedarse callado. «¿Todo bien?» «Más despacio.» «Pon más lubricante.» Hay que atreverse a decirlo. Las escorts con experiencia suelen percibir estas señales, pero entre parejas la comunicación es indispensable.
A veces tengo la impresión de que la gente complica demasiado las cosas. En el fondo es algo bastante instintivo: deseo, calma y mucho lubricante.
La posición de cucharita suele ser una de las más sencillas para principiantes. Acostados de lado, con un ángulo suave y un buen control de la situación. También puede funcionar estar boca arriba con las piernas elevadas. Las primeras veces es mejor evitar posiciones acrobáticas donde se pierde el control del ritmo y la profundidad.
Primero un dedo, luego quizá dos, siempre con movimientos lentos. Notarás cuándo el cuerpo empieza a relajarse y abrirse. La sensación puede pasar de una incomodidad extraña a algo profundo y envolvente. Para algunas personas es extremadamente intenso. Para otras simplemente agradable. Y a veces no ocurre nada especial. También es normal.
Una noche en Neuchâtel, una chica me confesó que un cliente descubrió gracias a ella que la estimulación de la próstata transformaba completamente sus orgasmos. Nunca volvió a vivir el placer de la misma manera, en el mejor sentido posible.
Limpieza suave, caricias y un momento para descansar. La zona puede permanecer sensible durante un tiempo. Algunas personas notan sensaciones extrañas al ir al baño en las horas siguientes, y generalmente es algo normal. Si aparece un sangrado importante o el dolor persiste, hay que acudir al médico. Sin excepciones.
El placer puede sentirse de manera diferente: más difuso, más duradero y a veces sorprendente. Doble penetración para algunas mujeres, estimulación prostática para los hombres... cuando todo encaja, las sensaciones pueden ser realmente intensas.
El sexo anal para principiantes no es una técnica que se aprenda como si fuera un manual. Es una cuestión de confianza, paciencia y escucha mutua. Ya sea con una pareja habitual o con una escort que sepa guiar la experiencia, lo importante sigue siendo lo mismo: sin presión por rendir, solo placer compartido.
He visto parejas que se conocieron a través de anuncios eróticos abrirse a nuevas experiencias gracias a este enfoque sin expectativas. Y también he visto a otras decidir simplemente que no era para ellas. Ambas opciones son igual de válidas.
Entonces, ¿qué es lo que todavía te frena? La curiosidad ya está ahí, ¿verdad? Lo demás llegará... o quizá no. Y en cualquier caso, seguirás viviendo tu sexualidad exactamente como tú decidas.
No, no necesariamente. Sin embargo, puede resultar incómodo o incluso doloroso si se va demasiado rápido o sin una preparación adecuada. La clave está en la paciencia, el uso abundante de lubricante y una buena excitación previa. El cuerpo necesita tiempo para relajarse. He visto demasiadas primeras experiencias arruinadas por la impaciencia. Con el enfoque adecuado, una sensación inicialmente extraña puede transformarse en un placer intenso y profundo.
Un lubricante de buena calidad, espeso y a base de silicona suele ser la mejor opción. Dura más tiempo y no se seca rápidamente. Olvídate de la saliva o de los geles baratos. Es importante reaplicarlo con frecuencia, ya que la zona anal no produce lubricación natural. Esto es fundamental para evitar irritaciones, escozor y experiencias desagradables.
Para una primera vez, no suele ser necesario. Una ducha normal es más que suficiente en la mayoría de los casos. Los enemas realizados de forma sistemática pueden irritar la mucosa y provocar más problemas de los que solucionan. La higiene básica, la relajación y una buena preparación son mucho más importantes.
La posición de cucharita, tumbados de lado, suele ser una de las más cómodas para principiantes porque permite controlar fácilmente el ritmo y facilita una penetración progresiva. También puede funcionar bien estar boca arriba con las piernas elevadas. Las primeras veces es recomendable evitar las posturas demasiado profundas o acrobáticas. Lo importante es poder ajustar la profundidad y la velocidad en cualquier momento.
Con sinceridad, respeto y sin ejercer presión. Debe tratarse de una conversación real, no de una insinuación lanzada al azar. Habla de tus deseos, de tus dudas y de tus posibles miedos. En el mundo de las escorts, muchas profesionales están acostumbradas a este tipo de conversaciones y saben crear un entorno seguro y cómodo. La confianza es la base de cualquier experiencia positiva.
Sí, completamente normal. El sexo anal genera opiniones muy diferentes: algunas personas lo disfrutan enormemente y otras lo prueban una vez y deciden no repetir. No existe ninguna obligación. Si no te gusta, no significa que hayas fracasado. El placer sexual es algo personal y no hay una forma correcta o incorrecta de explorarlo.
Los principales riesgos son el dolor, pequeñas lesiones e infecciones si no se respetan unas normas básicas de higiene y cuidado. Para minimizarlos es importante utilizar abundante lubricante, avanzar muy poco a poco, mantener una buena comunicación y realizar una limpieza suave después del encuentro. Si aparece un dolor intenso o un sangrado persistente, conviene consultar a un médico. Con las precauciones adecuadas, los problemas son poco frecuentes.


